«Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído» Miguel Delibes

Carrito

Notas de una lira deshojada

Mi admiración por la prodigalidad de los versos de este autor, por el prodigio de su musa, que otoñal, es impetuosa como la primavera, madura como el verano y profunda y serena, como el invierno

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En este poemario, la lira, la del alma, es como un árbol centenario.

Y los poemas, son no sólo las canciones que bailan agitadas, los sistros encantados de sus ramos. Sino también las que al caer musitan, mecidas por el viento, una a una y calmamente, sus hojas.

El autor divide este poemario en diversos grupos, a los que da nombres de notas musicales.

BLANCAS: Las poesías más puras, tiernas, sensibles, amorosas.
NEGRAS; Las sombrías, tristes, adversas.
REDONDAS: Las de contenido más rotundo, evidente, palpable.
CORCHEAS: Sonetos
SILENCIOS: Poemas del alma
SEMICORCHEAS: Sonetillos
FUSAS: Imprecisas
SEMIFUSAS: Menos imprecisas
ACORDES: Armónicos, cortos
ARPEGIOS: Tres versos (haiku – senryu)


Su libro de poemas “Notas de una Lira Deshojada” se conforma como un volcán pleno de sensibilidad propia, tan solo, de un poeta de raza.

Una serie de poemas al hilo del camino en el recorrido por la vida. Y cuando Juan José Romero reflexiona, medita, piensa, se inspira y compone versos, los lanza y esparce al aire de su propia sensibilidad. Acaso, ay, en la esperanza y el deseo, sempiterno, de que germinen en la tierra de labor que ha venido arando, cultivando, abonando y mimando, con esmero, a lo largo de muchos años.

En “Notas de una Lira Deshojada”, Juan José nos ofrece un recital de antología preñado de ese cúmulo de senderos que se han ido dando cita en el numen de sus inspiraciones.

Rezuma poesía con flores que se abren entre versos, excelentes, y exalta un puñado de poemas en lo que el autor denomina como “Notas de una Lira Deshojada”.

Un libro que se lee con tanta facilidad que lo puedes llevar contigo a cualquier parte, abrirlo, dejarte llevar por la esencia y el calado, auténtico, de sus versos… Y, tal vez, posibilitar que la sensibilidad de sus poemas te acompañe hacia la reflexión, experta y autorizada, del autor.

Probablemente porque Juan José Romero aparece, como siempre, tan natural como la vida misma, mientras se desliza por sus senderos queriendo dejar constancia de que sus versos y poemas rezuman esa naturalidad, dulce, serena, sencilla, comprensible, amiga…, a la par que pinta el horizonte que se le muestra a sus propios ojos, a su elocuente palabra, al mensaje evangélico de sus versos.

Todo un camino de Amaneceres, de Sensibilidades, de Estampas, de Parajes de la Vida, de Amores, de Poemas que salen del alma, de Pensamientos, de Pinceladas, de Reflexiones, de Silencios, de Estampas, de Secuencias, de personas que se cruzaron en el camino, como las Lavanderas:

Espadas matutinas blande el frío,
la luna ya traspuso el horizonte,
el Sol asoma ya detrás del monte,
silenciosas caminan hacia el río…

Y finalizo este artículo con una recomendación: Merece la pena leer, y de forma detenida, “Notas de una Lira Deshojada”. Un puñado de versos cálidos, humanos, esculpidos sobre la propia figura natural de la vida de un caminante y observador, de un analista, de un filósofo que hace versos, de un poeta que canta las secuencias en el paso del tiempo, que se muestra apasionado en el fervor de las láminas y las páginas del tiempo –que van desfilando ante él—y cuyos fotogramas los hace converger en poemas de hermosos y fáciles versos de plenitud humana. ¡Qué importante es eso…!

Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez

Periodista

Editorial

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«El destino de muchos hombres dependió de haber o no haber habido una biblioteca en su casa paterna» Edmondo de Amicis