Kedma. Hacia el Oriente

8,32

Con fuerza poética inusitada, Martínez de León nos seduce con la idea de que la sexualidad es el cáliz –aquél receptáculo transformador donde lo mundano se diviniza- de la palabra.

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Descripción

Si el encuentro erótico de dos cuerpos es una tormenta durante la cual —entre truenos,  aguas, destellos  y  Silencios— dos seres recuerdan su divinidad, cada poema del presente volumen es uno de los charcos que pisamos cuáles niños -solos, maravillados, repletos- después del aguacero.

Son los versos de Martínez de León la prueba del por qué  un Dios decidió hacerse carne.  

Conmemoran que durante la tormenta —que asusta, que revitaliza— todos fuimos concebidos.  Nos invitan a evocar que lo divino está en y es toda palabra de toda lengua que labios humanos han pronunciado. Nos convidan a danzar nuevamente entre los labios de la autora y saborear el retorno del Paraíso Perdido. Nos preguntan si hemos amado sin cordura. Proponen que la carne, perecedera, es también divina; de modo que cada poema supone una aproximación al atávico hecho, fácilmente obviado, de que sea en el silencio después de la tormenta erótica cuando la intimación de la inmortalidad se hace evidente.

Con fuerza poética inusitada, Martínez de León nos seduce con la idea de que la sexualidad es el cáliz –aquél receptáculo transformador donde lo mundano se diviniza- de la palabra.

Evocada por la imaginación del poeta —siempre puesta al servicio de su experiencia erótica y de una invitación a vivir literariamente el riesgo de entregar el cuerpo (como la entrega que hizo Cristo) a otro— el acto amatorio nos llevará al éxtasis, al estar fuera de sí, desplazado, a la deriva, a un desplazamiento del alma que nos llevará, a su vez, a la ansiedad mística: cuando estamos en el momento extático, ¿dónde estamos, quienes somos, hacia dónde nos encaminamos?

Las respuestas que encuentra Martínez de León a estas preguntas parten de los signos que están presentes en los actos eróticos: el sexo empinado del hombre, el sexo abierto de la mujer; el semen, vino blanco; el pecho de la mujer, puerta de retorno a la infancia.

 Martha Leticia Martínez de  León parte de estos signos, carnales, sensibles, para venir a dar con los signos místicos de las religiones del oriente, el cáliz, el cirio, la ambrosía, el aceite, la miel.

Parte hacia el Oriente, pues, —Kedma—, lugar en donde, otrora, el encuentro erótico era anémona en el desierto de Néguev: era recuerdo fugaz del Paraíso Perdido.

David Morrison

Kedma. Hacia el Oriente

AutorMartha Leticia Martínez de León
PortadaVer portada
EditorialLas nueve musas ediciones
Año2018
Nº de páginas99
ISBN 978-1977063786

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de LeónMartha Leticia Martínez de León… SilencioHermeneuta en Libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanak, Biblia y Corán).Maestra en Ciencias bíblicas y Lenguas Antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Licenciada en Música Contemporánea. Miembro de la Sociedad de Escritores Mexicanos.Tiene treinta libros publicados en México, España, Estados Unidos e Italia en géneros como Poesía, Dramaturgia, Cuento, Ensayo, Literatura Infantil. Doce de Teología Ciencia y Arte. Tres sobre espiritualidad Interreligiosa. Ha sido traducida al inglés, italiano y francés. Conferenciante a nivel nacional e internacional.Escribe en el área de Religión de la Revista Las nueve musas de Asturias, España.Creó y desarrolla la Teología del Silencio y de la Carne.Actualmente forma parte de la Maestría en Estudios Judaicos en la Universidad Hebraica y Desarrolla la investigación: Lectura gemátrica y cuántica del Sefer Bereshit 1-3 para obtener la música pitagórica del universo, bajo el nombre Hashem se revela a través del Big Bang.©

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