«Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído» Miguel Delibes

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Hermano Lobo

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Ulises Varsovia nos va dejando su poesía “a campo traviesa”, nunca mejor dicho. Y así lo imaginamos, con un bloc de campo y andando por esos mundos de Dios mientras observa todo bicho viviente, incluyéndose a sí mismo, a través del filtro de la naturaleza y la palabra. Nuestro poeta, como si de un Félix Rodríguez de la Fuente se tratase, da el puesto agazapado tras los versos y retrata a los animales con pericia de biólogo, pero también de humanista solidario con la causa: animales en peligro de extinción. Por sus poemas, en algunos casos con un deje casi mitológico y convertidos en hábitats líricos, también discurre, casi en paralelo, la huella del hombre a modo de espejo y contraste. Los títulos de los poemas, todos de animales, además de en español aparecen en su versión más científica y menos vulgar, en latín. Es curioso observar cómo a través de ellos el autor hace una radiografía a su ser poético, convirtiéndose, quizá, en otro animal más de su prontuario, el número 65, “Yo espié sus intimidades/ por horas camuflado en el follaje” –nos confiesa el propio autor, y es que este libro funciona como un “Gran Hermano” que escudriña en todas direcciones, hacia fuera y hacia dentro, hacia el futuro y el pasado, una mirada a los animales a través del hombre y su historia.

Custodio Tejada

    1. Búho. (Bubo bubo)

    Cuando al bosque la noche
    con su capa negra penetra,
    y rinden su sólida vigilia
    los extenuados seres silvestres,
    y ya no más que espeso silencio,
    nada más que el soliloquio del agua
    o el invisible roce de la brisa,
    eleva de pronto el búho sus claves,
    su idioma que la luna entiende
    y enhebra con sus rayos de plata.

    Y la noche muerta mira,
    la noche mira por dos pupilas
    fijas, redondas, centelleantes,
    clavadas, sumergidas en su hipnosis,
    como si la luna hubiera abierto
    dos orificios de fiebre en la sombra,
    o llamearan dos ascuas insomnes
    desde las vetas del fósforo.

    El búho en la densa tiniebla
    abre su imperceptible vuelo,
    y parece el ángel de la muerte
    cayendo sobre aterradas criaturas.
    O un espíritu de ultratumba
    cerniendo su entidad extinta
    sobre nocturnos transeúntes.

    Y el bosque sumergido en su mutismo
    calla cuando el señor de la noche
    cruza con sus ojos delirantes,
    cruza escrutando todo lo viviente.


Hermano lobo“ es un poemario eminentemente ecológico.

Se trata de 64 poemas, cada uno de ellos dedicado a un espécimen animal, sea mamífero, ave, pez, reptil o insecto.

El libro data de 1995, pero es en el fondo el resultado de reflexiones y pesquisas de muchos años atrás, encaminadas a poner de relieve las características, atributos, costumbres y demases de tales especímenes, conformando lo que se llamaría un « prontuario » de cada uno de ellos, en momentos en que las especies animales están amenazadas, y muchas de ellas incluso en peligro de extinción. En última instancia se puede decir que se trata de un homenaje a nuestra fauna amenazada.

Comenzamos precisamente con «Lobo», que es, curiosamente, el último de los poemas escritos, y, se se analiza el estilo, se verá que está marcado por el sello de mi poemario « Abasalena », en el cual prácticamente se prescinde del verbo. Pero no es esta singularidad lo que busca el autor, sino el describir de manera sintética las peculiaridades del prontuario de cada uno de los animales elegidos, específicamente, su actitud ante el clima en que se despliega, su forma de sobrevivir en el bosque o la selva.

Tales peculiaridades han sido han sido puestas de relieve, o bien de una manera «seria», como sería el caso, por ejemplo, del poema 5 (« Búho »), o de forma amena, como en el caso del poema 58 (« Trucha »), o francamente divertida, como es el caso del poema 38 (« Urraca »). Se trata, de una parte, de hacerle la lectura fácil y amena al lector, pero de otra parte se persigue conseguir un retrato a cuerpo completo exhibiendo los atributos más señalados de los animales elegidos, y al mismo tiempo señalar claramente que hay una unidad esencial en la fauna, y que el mundo animal sigue estando muy cerca de la especie humana, aún en su hora poco menos que aciaga : la del acoso.

El subtítulo del poemario («Pedagogía silvestre»), no es fortuito. El autor, docente universitario, ha querido indicar con ello que el poemario pretende ser una guía pedagógica, si se me permite el término, en lo referente al estudio de nuestra fauna,y como tal puede el poemario ser usado perfectamente en lecciones de biología o de medio ambiente. Pero también el lector común puede sacar provecho de un poemario que pretende poner ante sus ojos el mundo viviente de nuestros hermanos del bosque.

Editorial

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