«Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los bichos, el tiempo y su propio contenido» Paul Valéry

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Cuando el viento es amigo

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En Cuando el viento es amigo, el autor  persiste en el deseo de engendrar un texto múltiple que promueva participar de su espíritu de creación y reinventar.

CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019. Un cuaderno extraño, con una propuesta similar a la de su libro anterior: Cuarentenas: segunda edición —una extensión, me atrevería a decir— siguiendo el juicio de Bruno Rosario Candelier para quien: “la primera obra de un escritor contiene el germen de toda su obra posterior”, por lo que también creo que vienen anunciados en su ponencia inicial los rasgos principales de su creatividad.

Sin duda en éste conserva el tono humorístico, el dato revelador de una aventura vital; conserva los giros y sentidos del lenguaje y ese deseo de conceptualizar y explicar las cosas como él las percibe. Cuando el viento es amigo es lo que pudiera llamarse un libro que trata de encerrar la lucidez de la convivencia; que mira el discurrir, el vacío, y las pequeñas y grandes desventuras de la existencia. Diría que en este acercamiento hay una creíble voluntad de sobrevida, y un deleitable regodeo con la realidad que el autor intenta mostrarnos sin adornos. Allí el mundo enunciado es todo real, donde el entorno social se manifiesta, lo práctico es lo absoluto; donde el lenguaje lexicalizado se impone en la edificación de los versos.

CUANDO EL VIENTO ES AMIGOGutiérrez sabe nombrar lo próximo, sus argumentos recogen ese estado afectivo hacia las cosas que lo rodean. Sabe lidiar con la enorme carga de sugerencia que hay en las palabras para declararnos sencillamente la belleza de lo real. Sin perder jamás el tono meditativo, aledaño, ensimismado, sin apartar la mirada, sin dejar de mirar directamente a sus semejantes en sus escenarios habituales. Escribe en concordancia con la realidad que contempla,  con una intensidad que puede llegar a ser  refinada o trágica, simpática o sutil; en ocasiones con un tremendismo ingenuo nos representa las fuerzas de las identidades  en  lo común de la convivencia. Entras en esa corriente y te arropa un sosegado fluir impulsado siempre por ese latido imparable de la vida. Si la poesía es, como diría Dulce María Loynaz: un tránsito a la verdad, Gutiérrez nos acerca  a su verdad desde la poesía.

Escribe una poesía de conceptos, intelectiva, tranquila, pensada para transmitir sensaciones con la mayor naturalidad posible, en ocasiones con la dificilísima sencillez por la  que abogara Azorín en punto de estilo, y en otras con esa aprehensión del ser en las cosas, con ese “sentir religiosamente la realidad cotidiana” que expresara Francis Ponge. Una poesía que no busca los símbolos en las cosas sino más bien las propias cosas, que se expresa imitando la fluidez del habla, sin perder el sentido común ni el sentido del humor. Esto quizás sea lo que más atraiga de estos textos. Esa manera lozana y casi cándida con que el autor  va desovillando y desentramándonos el mundo, su mundo. No falta el juego con la ironía, el individuo en su extrañeza, en su enajenación, en ese engranaje de falsear y tergiversar que ha aprendido de sus maestros. Independientemente de su construcción poética, lo que hace que su obra sea singular es sin duda, la propuesta un tanto reveladora que nos hace el autor.

Reconocemos que todos estamos en deuda con Poe por su “filosofía de la composición”, al declararnos los procedimientos de escritura de sus poemas, y esa novedosa exploración que nos lleva a continuar la vieja pregunta ¿Qué es lo que hago cuando escribo?  Asumimos que el autor debió encontrar una fascinación allí para crear sus cuarentenas. En ellas no sólo describe el estado anímico en que se concibe una obra de arte, sino que avanza y adelanta influido además por el estilo borgiano o la ficción trascendental de Pessoa.

En Cuando el viento es amigo, el autor  persiste en el deseo de engendrar un texto múltiple que promueva participar de su espíritu de creación y reinventar.  Hace algo más que crear personajes desde la ficción; recrea una situación hipotética donde el que escribe es el lector;  lo saca  de su estado pasivo, ya no es el que escudriña con su ojo crítico: ahora le da voz, y desde la escritura se aventura a iniciar el diálogo.

Odalys Interian

Editorial

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