«Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los bichos, el tiempo y su propio contenido» Paul Valéry

Carrito

Mortus est Almanzor

20,00

Obra ganadora de la Cuarta Edición del Premio Rrose Sélavy de Novela Histórica (2018)

La idea primigenia fue personalizar los terrores del primer milenio en la figura de Almanzor. No en vano en el año 995 arrasó Barcelona, en 997 Compostela, en 998 Pamplona y en el 999 León, Zamora, Salamanca, etc.

Pero dichos terrores no existieron; son una fábula de tantas, inventadas como buena parte de la historia medieval, ya que existía una diferencia de calendario entre los reinos cristianos y el resto de Europa de treinta y ocho años, que no se corrigió hasta el siglo XV.

La atenta lectura de la ascensión de Ibn Abi Amir al-Manssur, desde humilde katib, un escribano del montón, a hayib, primer ministro y dueño omnímodo del poder en la Córdoba califal durante un cuarto de siglo nos depara una sorpresa que en realidad no es tal, atendiendo al conocido dicho que afirma que tras una gran hombre se halla una gran mujer, bien, pues en este caso son cinco. Dicha ascensión estuvo basada, alimentada y sostenida por manos femeninas. De ahí que haya dividido el presente relato dedicando una parte a cada una de las féminas partícipes en la vida del tirano andalusí.

TERESA: hija del rey Vermudo II de León y de su primera esposa Velasquita Ramírez, a la que repudió por no darle hijo varón.

Fue entregada por su padre en un intento por congraciarse con el hayib en el año 993 y evitar la total destrucción de su reino. Almanzor la liberó de  la servidumbre del harén y casó con ella.

En el año 1002 fallece Almanzor y Teresa es devuelta, ingresando en el convento de San Pelayo en Oviedo del que fue abadesa. Dicho convento (Las Pelayas) existe hoy en día en la dicha ciudad.

AURORA: concubina del califa Al-Hakampreferida tras darle dos hijos varones. Adoptó el nombre de Sobeya o Sobh. Madre del califa Hixem. Colaboró desde el primer momento en la ascensión imparable de su protegido, y presunto amante, Ibn Abi Amir, futuro Almanzor, a quien distinguió con los primeros empleos remunerados en la corte califal. Aupado éste al poder ella conspiró contra él por el ninguneo al que sometió a su hijo el califa Hixem. Todo el amor se trocó en odio feroz.

ASMA: hija del general Ghalib Dhul Sayfan, “El de las dos espadas”, el mas prestigioso representante del estamento militar de la época. Almanzor casó con ella en el año 978 para evitar que lo hiciera Othman el hijo del entonces hayib Mozhafi, a quien derrocó y encarceló.

Con todo parece que fue un matrimonio feliz fruto del cual fue Abd al-Malik al-Muzaffar sucesor de Almanzor en el poder.

ABDA: hija del rey de Navarra Sancho Garcés II Abarca. Entregada por su padre para el harén de Almanzor junto a una solicitud de tregua tras la estrepitosa derrota de Roa, en julio del año 983. Almanzor la liberó y contrajo matrimonio. Convertida al Islám, cambió su nombre, Urraca Sánchez, por el de Abda y concibió a Abd al-Rahman, conocido por todos como Sanchuelo, el cual sucedió a su hermano Abd el-Malik, muerto tempranamente y en extrañas circunstancias.

ÓNECA: hija del conde de Castilla García Fernández “Manos Blancas” y Ava de Ribagorza. A la muerte de su padre, fue entregada al harén del hayib cordobés por su hermano Sancho García, en calidad de rehén, junto a una solicitud de tregua. Presumiblemente Almanzor casó con ella aunque no existe constancia documental de esta relación en documentos cristianos o musulmanes de la época, no obstante y conociendo el talante y las costumbres del amirí es muy posible, así lo creo yo, que se produjera el matrimonio.

Liberada a la muerte de su esposo, quizás antes, ingresó en el monasterio de Oña del que fue abadesa.

Y el único nexo posible entre ellas, aparte de su esposo, debía ser alguien que relacionado con todas no las ensombreciera. Ahí es donde aparece JOSÉ, un fatá de la corte cordobesa, uno de  los innumerables eunucos que servían en la corte.

Hombre de confianza de la Gran Señora Madre, título que ostenta Aurora una vez que su hijo es proclamado sucesor al califato, quien le encomienda espíe a un incipiente Ibn Abi Amir, en su viaje de inspección a las tropas de Ghalib en el Magreb.

José mantiene una estrecha relación con todas ellas y con él, y cuenta su propia versión de lo acontecido con unas y otras.


Me gusta la historia, pero la novela negra te permite la libertad de crear sin ceñirte a los datos históricos. El rigor histórico suele ser un corsé difícil de sobrellevar si quieres hacer las cosas bien.

entrevista al autor por Francisco José Prián Albaladejo

Editorial

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