«Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído» Miguel Delibes

Carrito

El sueño del escultor

Mantener los sueños a lo largo de la existencia es el centro de la novela

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A principios del siglo XVIII, Felipe Díaz de Argul, marcha desde Asturias a Madrid para iniciarse en el oficio de la escultura en el taller de Juan Alonso de Villabrille y Ron, afamado escultor barroco, alcanzando tras cinco años la condición de maestro.

Pronto destaca por su creatividad, capacidad técnica e ideas de cambio, reivindicando la dignidad intelectual, la firma del autor, la persecución de los robos de imágenes y la falsificación de autoría, sin dejar de defender apasionadamente el papel del maestro ni de dudar de los nuevos métodos de enseñanza que se esperaban de una futura Academia de las Artes.

Tras completar su formación en Sevilla y retornar a Madrid, es llamado a la capital andaluza por el conde de Miraflores para realizar un informe sobre unas tallas de santa Ana y san Joaquín, pero queda sorprendido por cuanto ve, que considera un fraude. Una vez en Madrid, inicia una investigación tanto por los numerosos robos de imágenes que se están produciendo como la falsificación de autorías.

Su gran técnica, originalidad e impresionantes tallas lo convierten pronto en un personaje imprescindible en el mundo de la imaginería religiosa barroca evolucionada, pero su activo protagonismo en las tertulias de escultores, con constantes denuncias por hurtos y alteraciones de autorías, le convierten en alguien incómodo para muchos.

Como consecuencia de su empecinamiento, comienza a ser acosado y a recibir anónimos amenazadores que hacen insoportable su vida, desembocando en una situación catastrófica.

Editorial

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«El destino de muchos hombres dependió de haber o no haber habido una biblioteca en su casa paterna» Edmondo de Amicis